Héctor Roberto Paruzzo "El Encuentro con la Cultura a través de su obra literaria"

EL VIERNES 21 DE AGOSTO DE 2009, EN EL CENTRO CULTURAL "BERNARDINO RIVADAVIA" SE REALIZÓ LA PRESENTACIÓN DEL COMPENDIO DE TRABAJOS LITERARIOS DE HÉCTOR ROBERTO PARUZZO
La obra, en dos tomos de 276 páginas cada uno, recopilada y ordenada por su esposa, la Antropóloga Hilda Josefina Capitano, fue editada por la Universidad Nacional de Rosario
Potada de los libros

Parte del público presente


La actriz y directora de teatro, María Teresa Gordillo, dando la bienvenida a los asistentes y reseñando el programa a desarrollarse

Hilda Josefina Capitano brindado los motivos que le llevaron a recopìlar, ordenar y editar la obra
Osvaldo Vergara Bertiche, analizando el resultado de la publicación y poniendo énfasis en el carácter ensayístico de los trabajos de Héctor Roberto Paruzzo
(ver exposición completa al final)

El actor Raúl Adorni, en la lectura de poemas y ensayos del Autor


Otras imágenes

Osvaldo Vergara Bertiche junto al periodista de Radio Nacional Rosario
Marcelo Yazsuck, a su lado, a la derecha, su madre

(de izquiera a derecha) Martha Darío, biznieta de Rubén Darío, padre del romanticismo, Osvaldo Vergara Bertiche e Hilda Josefina Capitano

Texto completo de la intervención de Osvaldo Vergara Bertiche
Quiero agradecer a Hilda Capitano el haberme invitado a presentar estos dos tomos de “El Encuentro con la Cultura a través de la obra literaria de Héctor Roberto Paruzzo”.
En alguna medida, todos hemos tenido acceso a través del tiempo, a los trabajos literarios de nuestro amigo, pero verlos hoy, ordenados criteriosamente, merced al trabajo de Hilda, nos llena de regocijo y admiración.
Su título no tiene yerros. Es encontrarnos con la Cultura, con la cultura con mayúscula.
Es que nos encontramos con un conjunto de conocimientos que nos permite desarrollar un juicio crítico.
Encontramos un conjunto de presunciones básicas que ha desarrollado Héctor, que ejercen la suficiente influencia como para que puedan considerarse válidas y en consecuencia puedan transmitirse, enseñarse, como el modo correcto de percibir, pensar, sentir y actuar.
Si entendemos como cultura al conjunto de aportes, realizaciones y creaciones que son producto de la actividad racional del hombre social, estos dos tomos son, justamente, un encuentro con ella.
Conjunto de valores, creencias orientadoras, entendimientos y maneras de pensar se encuentran reflejados; reflejados para cada momento histórico y de acuerdo con cada uno de los personajes tratados, y reflejados, cual si fuera una fábula, con una moraleja para el tiempo concreto en que se lea.
Los trabajos literarios de Paruzzo están compuestos de estética, de sentimientos y de costumbres y en la perspectiva de la creación de valores, y no sólo de enseñanza de valores.
Son el resultado de aspectos intelectuales consustanciados con nuestra civilización. Son el resultado de una elaboración cognoscitiva superior.
Estos dos tomos son una antología necesaria. Antología proviene del griego y significa ramillete, guirnalda.
Los trabajos que contiene son un ramillete de conocimientos, una guirnalda multicolor de sapiencias.
Y decimos también que sus trabajos son impecables ensayos.
El Ensayo, como trabajo literario ha dejado una rica herencia en ideas, prácticas políticas e imaginarios sociales de representación.
La impronta de un estilo que ha sido considerado, como alguna vez menciono Aníbal Ford, pensamiento que bordea "las orillas de la ciencia", ha permanecido entre nosotros a pesar de haber sido empujado de muchos programas de estudio.
La interpelación moral, el apasionamiento en la escritura y el posicionamiento de quienes esgrimieron la pluma del ensayo, ha provocado, sin duda, una colisión con posmodernas teorías.
A este estilo se lo ha querido destrozar, vilipendiar, ponerlo bajo siete candados y enviarlo, al arcón de los recuerdos en librerías de Viejos & Usados, como rareza para curiosos e intolerantes nostálgicos.
El paradigma instalado, vociferador de eslóganes tales como "el fin de los relatos" y la elaboración de ciertas categorías relativamente científicas satanizó aquellas lecturas pregoneras, achacándole ser, en otros términos por supuesto, la conciencia de un sujeto oprimido que generaba a su propio sujeto represor.
A fines de los años 80, Daniel García Delgado había retrucado, a los teóricos de las nuevas ciencias sociales, esgrimiendo que si no encontraban en las raíces populares tendencias ensayísticas era porque muy bien no buscaban.
¿Por qué pensamientos considerados como irracionalistas, intuicionistas y sin rigurosidad científica, han tenido efectos altamente movilizadores en cuanto a generar imaginarios, polémicas confrontaciones y fundamentalmente modismos y contundentes formas de situar a intelectuales?.
Es que la calidad de un trabajo literario no se lo encuentra en el grosor del libro sino en la profundidad del análisis.
Muchos libros de gran espesor terminan nivelando las patas de alguna mesa o ayudan al letal bostezo de un alumnado que se dedica con ahínco a seguir el vuelo de las moscas.
Mientras que, muchos ensayos, como los de Paruzzo, sirven para despertar inquietudes y vocaciones.
El Ensayo no significa sólo hacer, individualmente, descubrimientos "originales", significa también y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, "socializarlas", por así decirlo, y por lo tanto hacer que se conviertan en base de acciones vitales, elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.
Y conducir a pensar coherentemente es un hecho "filosófico" mucho más importante y "original" que el hallazgo por parte de un "genio" de una nueva verdad que permanece como patrimonio de pequeños grupos intelectuales.
Oliverio Girondo se preguntaba al publicar “Veinte Poemas para ser Leídos en el Tranvía”: ¿Publicar? ¿Publicar cuando hasta los mejores publican 1.071% veces más de lo que debieran publicar?…
Y agregaba como lo hubiera hecho Héctor: “Yo no tengo, ni deseo tener, sangre de estatua. Yo no pretendo sufrir la humillación de los gorriones. Yo no aspiro a que babeen la tumba de lugares comunes, ya que lo único realmente interesante es el mecanismo de sentir y de pensar. Que es la ¡prueba de existencia!”
Y el sentir y el pensar son la mejor prueba de la existencia fecunda de Héctor Roberto Paruzzo.
Sus ensayos van desde Stefan Zweig hasta Roberto Arlt, pasando por Dimitri Shostakovich y su Sinfonía Nº 7, Borges, Dostoyevski, Ada Donato, Manuel Gálvez, Héctor Nicolás Zinni, Julián Centella, Victor Hugo, Sholem Asch y Eva Perón, entre tantos otros.
Literatura, filosofía, historia, poesía, religión, metafísica, arte, ética y estética están insertos en todos y cada uno de estos trabajos, con grados de certezas producto de ahondar con su pensamiento, penetrando y descubriendo la íntima realidad de las cosas.
Paruzzo fue un descubridor de esencias.
Y en estos tiempos en que nos golpean con la cotidiana falacia del descreimiento, que nos arrojan con best sellers de autoayuda que no ayudan, que nos hieren nuestros oídos con academias de cantantes y lesionan nuestra vista con acrobacias bailanteras, como un hálito, nos encontramos con estos dos tomos que resultan una auténtica Enciclopedia que encierra el conocimiento humano.
Y es mucho más significativo, ya que resulta una edición de la Universidad Nacional de Rosario, y su presentación es aquí en el Centro Cultural más importante de los rosarinos.
Es lo que Héctor se merece, el reconocimiento de que fue un verdadero hacedor de la cultura, inquieto, perspicaz, profundo, humanista, universal y enraizado en nuestra mejores tradiciones.
Estos dos tomos son la obra de un verdadero intelectual.
De un intelectual que, parafraseando a Hamlet Lima Quintana, con sólo decir o escribir una palabra encendió y enciende la ilusión y los rosales; recordemos que cuando nos sonreía entre los ojos, nos invitaba a viajar por otras zonas, nos hacía recorrer toda la magia.
Que, cuando con sólo darnos la mano, rompía la soledad, ponía la mesa,servía el puchero, colocaba las guirnaldas.
Con sólo escribir o abrir la boca, llegaba a todos los límites del alma, alimentaba una flor, inventaba sueños. Hacía cantar el vino en las tinajas, y se quedaba después, como si nada.
Y cada vez que lo evocamos nos vamos de novio con la vida, desterrando una muerte solitaria, porque sabemos que a la vuelta de la esquina o en la biblioteca está Héctor Roberto Paruzzo, un querido amigo, un intelectual tan necesario.
Muchas gracias.

HOMENAJE A HÉCTOR ROBERTO PARUZZO

Jueves 25 de Setiembre de 2008 en "Amigos del Arte"

La Antropóloga Hilda Josefina Capitano (esposa y compañera de Héctor Roberto Paruzzo) en el inicio del Acto


Vistas del público presente

El Actor Raúl Adorni en la lectura de Poemas de diversos autores dedicados a Héctor Roberto Paruzzo

LOS QUE LE CONOCIERON BIEN

Narrando diversos aspectos de la vida y obra de Héctor Roberto Paruzzo

Guillermo Ibáñez (Poeta)

Osvaldo Vergara Bertiche (Escritor)

Mario Bonacci (Arquitecto)




Héctor R. Paruzzo y Luis N. Oyharbide, al rescate de la historia

Prologado por Héctor Roberto Paruzzo
Procesado Gráfico Editorial UNR (Universidad Nacional de Rosario) Mayo 1999

"El Ser Nacional en la Literatura de Marechal, Borges y Sábato"

PRÓLOGO de OSVALDO VERGARA BERTICHE

SER NACIONAL y CULTURA

Héctor Roberto Paruzzo es autor del trabajo "Ser Nacional y Literatura", del cual presentamos en esta entrega su primera parte: "El Ser Nacional en la Literatura de Marechal, Borges y Sábato" y como el mismo advierte, "es un intento de rastreo en la literatura de tres de nuestros máximos exponentes", tomando del primero sus tres novelas: "Adán Buenosayres", "El banquete" y "Megafón", ya que "en el ir y venir de los personajes se van planteando y se discuten todos los problemas acerca del sentido y el destino de nuestra Nación"; el cuento "El Sur" del segundo en el que se "ilustra la discordia del doble linaje, europeo y criollo", mientras que "Sobre héroes y tumbas" del tercero, la exclamación desgarrada del intelectual Bruno: "Lo nacional, ¡Dios mío!, ¿qué era lo nacional! - nos llevará al meollo de la cuestión".

Así mismo postula que "finalmente el género de la novela es una antropología, y por lo tanto, un instrumento válido para la indagación de lo nacional".

Es en "Cultura y ser nacional" donde Juan José Hernández Arregui señala que «A través de las sucesivas reducciones operadas en el concepto, vemos que el ser nacional no es una categoría reseca del espíritu. Es un hecho político vivo empernado por múltiples factores naturales, históricos y psíquicos, a la conciencia histórica de un pueblo". (...) El ser nacional se expresa como cultura nacional. ¿Pero qué es la cultura? En su definición más escueta es el conjunto de bienes materiales y espirituales producidos por un grupo humano, y que da forma a la coexistencia y coetaneidad de una comunidad nacional, más o menos homogénea en su caracterización psíquica frente a otras comunidades"

Si bien el "ser nacional" tiene que ve con "la identidad" y ésta a su vez con lo telúrico, con el magnetismo de la tierra que define la personalidad y con lo ancestral, es aquí donde se produce una gran falencia: se parte de prejuzgamientos y por ende no se transmite desde el conocimiento profundo, se desconoce el pasado, no hay difusión masiva de la historia y siguen latentes viejas pasiones sobre el pensar y el hacer de los protagonistas.

"Los argentinos tenemos y debemos saber quienes somos; tener claro cuál es nuestra identidad; cuál es nuestra conciencia nacional. No estar esclarecido sobre esto, es correr el riesgo de ser absorbidos culturalmente o comportarnos como sectarios egocéntricos".

Esto último significa que debemos adherir a toda manifestación universalista; por encima del destino individual participamos del destino común de la humanidad. Al menos en esto somos uno con el Todo y no consiste en sumarnos a un concepto totalizador, sino por el contrario es participar en la totalidad sin ceder la identidad.

Tener claro qué somos y hacia dónde vamos, sin renunciar a la individualidad cultural, compartir con todo el mundo nuestro enfoque de la vida; compatibilizar inquietudes, anhelos e ideales y dialogar las propuestas para lograr un mundo mejor, no es restar sino sumar esfuerzos para lograr la integración definitiva de lo que ahora se ha dado en llamar la "aldea planetaria", la "casa común", como producto de la globalización.

Pero, para poder participar plenamente de este concepto tenemos que verificar el sentido de "qué es ser argentino" y no "lo que nos imaginamos ser". Tener el valor de reconocer nuestras limitaciones y a partir de allí trabajar con autenticidad creando la conciencia nacional y definiendo nuestro yo como nación.

La conciencia nacional se forma a partir de una identificación con ese pasado que da continuidad al ser nacional.

Debemos, entonces, recrear el amor por la historia, donde están las bases de la nacionalidad. Es en la historia donde se encuentra el hilo conductor que salvará los baches que interrumpen la horizontalidad y la continuidad de la vida como Nación.

Y en esa historia, entre tantas otras, se encuentra la obra poética y literaria de nuestros autores. Es desde allí, donde Paruzzo, nos invita a echar una mirada específica sobre Marechal, Borges y Sábato.

Leopoldo Marechal dejó una obra literaria que comprende poesía, novelas, teatro y ensayos. Fue maestro y profesor de enseñanza secundaria y sin dudas un hombre comprometido con lo nacional. Dice: "Creo que un poeta lo es verdaderamente cuando se hace la Voz del Pueblo, es decir, cuando lo expresa en su esencia, cuando dice por los que no saben decir y canta por los que no saben cantar" y agrega: «El hombre por el solo hecho de nacer está comprometido, y el no compromiso es una manera de comprometerse.(...) ¿Saben ustedes que durante una tormenta el león da la cara al viento para que su pelambre no se desordene? Yo hago lo mismo: doy la cara a todos los problemas: es la mejor manera de permanecer peinado».

En el caso de Jorge Luis Borges, es Marcelo Pichón Riviere quien nos da ciertas señales al sustentar que "si la obra de un escritor no es importante, queda la memoria de sus gestos, de ciertas anécdotas, de su paso por tal o cual revista o movimiento literario. Sus títulos se vuelven fantasmales, como sonidos lejanos en una playa dominada por el ruido incesante del mar". Pero "cuando sus libros, en cambio, han construido algo sólido y sus múltiples lecturas trazan el mapa de una biblioteca imaginaria, ese autor se ha ido para quedarse. Su tumba es un bastión; sus libros, armas que brillan más allá de las tinieblas. Porque, en realidad, después de su muerte, el escritor inicia su verdadera proeza: vivir en sus textos, sin apariciones estratégicas en los medios, sin actos polémicos que enciendan el desdén o el interés".

Y ésta es la proeza sin descanso que ha emprendido la obra de Jorge Luis Borges. Un Borges a quién todavía algunos cuestionan.

Quizás haya quienes lo hacen por una simple ceguera intelectual, o desconocimiento de la totalidad de su obra o, por qué no, por una minúscula visión de lo que significa el antagonismo político.

En 1923, antes de emprender su segundo viaje a España, a los veinticuatro años de edad, Borges edita su primer libro: "Fervor de Buenos Aires", donde emotivamente confesará que, finalmente, «las calles de Buenos Aires / ya son mi entraña». Son treinta y tres poemas tan heterogéneos que aluden a un juego de cartas (el truco); a Juan Manuel de Rosas, o a la exótica Benarés; aunque también se solaza en un patio anónimo, «en la amistad oscura / de un zaguán, de una parra y de un aljibe». Ha escrito Borges que «en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha»

Y en 1925, de regreso en Buenos Aires, publica otro poemario, "Luna de enfrente", donde el nacionalismo exaltado del joven Borges se resuelve en versos elegíacos como: «Pampa / yo diviso tu anchura que ahonda las afueras, / yo me estoy desangrando en los ponientes».

En 1926 publica el libro de ensayos "El tamaño de mi esperanza". En esta obra el fervor borgeano por la argentinidad no conoce mesura. Así dirá que «la pampa y el suburbio son dioses», y en 1928 sale a la luz el ensayo «El idioma de los argentinos».

En 1929 aparecen los famosos versos de «Fundación Mítica de Buenos Aires». Y en 1930, fecha del trágico Golpe de Uriburu a la democracia, es el año de publicación de "Evaristo Carriego", que propone una suerte de fantasiosa biografía del poeta.

Se edita, en 1935, su célebre «Historia universal de la infamia». Esta colección contiene el famoso relato «Hombre de la esquina rosada», donde de alguna manera Borges sigue cincelando el perfil mítico de Buenos Aires iniciado en «Evaristo Carriego». "En este sentido, parece evidente que el territorio utópico de Borges es el propio Buenos Aires transustanciado por lo legendario".

En 1960 aparece "El hacedor", colección de textos breves y poemas dedicado a Leopoldo Lugones. Y en 1964 publica la colección poética "El otro", el mismo, que contiene su famoso «Poema conjetural» que glosa el asesinato del héroe Francisco de Laprida: «Yo que anhelé ser otro, ser un hombre / de sentencias, de libros, de dictámenes, / a cielo abierto yaceré entre ciénagas; / pero me endiosa el pecho inexplicable / un júbilo secreto. Al fin me encuentro/ con mi destino sudamericano». En 1965 edita un libro de letras de milongas.

Cuando en 1983 Borges fue invitado a visitar la Escuela Normal «Mariano Acosta», que cumplía 109 años, los alumnos le leyeron una décima anónima de un payador desconocido. Todos sabían que el payador no era tan desconocido, sino que se trataba de Elías Carpena, que con sus ochenta y cinco años, resucitaba el viejo oficio de los gauchos.

Cuando acabó la décima, Borges le palmeó el hombro al payador y le dijo. «Discúlpeme, Carpena, que me hayan traído en auto, yo, la verdad, quería venir montado en un overo rosao...». «En un overo rosao…», como aquel del Fausto de Estanislao del Campo, «flete nuevo y parejito...» .

El mismo Borges cuenta que "una persona me preguntó: Si usted no hubiera nacido aquí, ¿dónde le hubiera gustado nacer?. En la calle Tucumán y Suipacha, en Buenos Aires. Se lo dije porque la pregunta fue hecha con mala intención. Ella quería que yo quedara como un traidor y dijera: Hubiera querido nacer en Escocia o en Noruega. O mejor todavía: En Texas. Pues no: yo hubiera querido nacer en Buenos Aires; lo siento mucho. Me he acostumbrado a ser el que soy. Si hubiera nacido en cualquier parte... En Yorkshire… no sería yo el que hubiera nacido allí, sino otra persona...".

Sería extenso enumerar situaciones y escritos que lo muestran al escritor dentro del espectro nacional de los argentinos. Sintetizando podemos afirmar como Beatriz Sarlo que "en Borges, el cosmopolitismo es la condición que hace posible inventar una estrategia para la literatura argentina".

Y Paruzzo alerta diciendo "seamos sinceros, Borges es el más típico y genuino representante de un país cosmopolita, nutrido por varios torrentes inmigratorios, que todavía están amalgamándose".

Ernesto Sábato, por su parte, dice: «La literatura actual debe interpretarse o juzgarse dentro del marco de la crisis total de nuestra época. La literatura se aproxima cada vez más a la filosofía. La novela contemporánea es la actividad más compleja del espíritu. El lenguaje de los argentinos tiene por sí justificación y validez, y debe ser usado en las obras sin prejuicios. La novela busca una nueva tierra de esperanza en este mundo de guerras mundiales, y ella es una forma de salvación".

Un Sábato que también merece ser leído es ese, menos pesimista y escasamente apocalíptico, que echó una profunda mirada sobre nuestra idiosincrasia a través del tango.

En «Tango, discusión y clave», que Sábato le dedicó a Borges, lo más interesante del libro son las cinco primeras partes: «Hibridaje», «Sexo», «Descontento», «Bandoneón» y «Metafísica», donde el escritor hunde su pluma, con la minuciosidad y paciencia de un bisturí, en lo más recóndito del alma del argentino de la gran ciudad.

En «Hibridaje», por ejemplo, rebate con espíritu polémico la peregrina tesis de Carlos Ibarguren: «El tango no es argentino». Sábato sostiene que el hibridaje, es decir, la mezcla de culturas (la transculturación), amén de ser inevitable, es siempre fecunda. «Ni siquiera esos olímpicos dioses griegos, que algunos profesores suponen el paradigma de la pureza, pueden exhibir una genealogía impecablemente indígena», dice.

También, tal vez temerariamente, afirma que el tango no es una simple danza lasciva. «Pienso que es exactamente al revés», y lo avala diciendo que «la creación artística es un acto casi invariablemente antagónico, un acto de fuga, de rebeldía», en este caso, una huida del lupanar, de los piringundines del bajo fondo.

En «Descontento», Sábato traza una impiadosa figura del argentino, a partir de la idea de que el tango es «un pensamiento triste que se baila». En «Bandoneón» esboza su historia, pero prosigue delineando los «rasgos esenciales del país...: el desajuste, la nostalgia, la tristeza, la frustración, la dramaticidad, el descontento, el rencor y la problematicidad». Sábato concluye con «Metafísica», diagnóstico, sin tapujos, sobre el ser argentino .

También se pregunta: "¡Qué somos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es nuestra verdad nacional? Y responde: "Somos algo nuevo, que se gesta realmente aquí, algo realmente original, en este caos de sangres y culturas... la literatura, esa híbrida expresión del espíritu humano que se encuentra entre el arte y el pensamiento puro, entre la fantasía y la realidad, puede dejar un profundo testimonio de este trance, y quizá sea la única creación que pueda hacerlo...".

En conclusión puede observarse, tanto de las citas mencionadas en este prólogo como del excelente y fundamentado trabajo de Héctor Roberto Paruzzo, que es de singular importancia para determinar el emplazamiento de la memoria nacional, incursionar en la totalidad de la obra literaria de estos autores, rescatar nuestro ser de ellas como así, no caer en el olvido, conservar las vivencias fecundas para seguir existiendo y transmitir valores de generación en generación.

Introducción de HÉCTOR ROBERTO PARUZZO

La literatura, por ser lenguaje, es ficción. Sin embargo, y por eso mismo, es fiel reflejo de los problemas del alma humana y su debatirse en el mundo concreto. Uno de esos problemas es el de la identidad, tanto individual como colectiva. Y aquí entra el tan zarandeado y debatido problema del Ser Nacional.

Lo nuestro es un intento de rastreo en la literatura de tres de nuestros máximos exponentes:
Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato.

Del primero tomaremos sus tres novelas: "Adán Buenosayres", "El banquete" y "Megafón".

En el ir y venir de los personajes se van planteando y se discuten todos los problemas acerca del sentido y el destino de nuestra Nación.

El cuento "El Sur" del segundo ilustra la discordia del doble linaje, europeo y criollo.

Mientras que en "Sobre héroes y tumbas" del tercero, la exclamación desgarrada del intelectual Bruno "Lo nacional, ¡Dios mío!,¿ qué era lo nacional?" nos llevará al meollo de la cuestión.
Finalmente postulamos que el género de la novela es una antropología, y por lo tanto, un instrumento válido para la indagación de lo nacional.

Nota: Este texto, ahora actualizado, fue presentado como ponencia en las Primeras Jornadas de Cultura e Identidad Nacional, llevadas a cabo en el Centro Cultural "Bernardino Rivadavia" en setiembre de1986, luego se publicó por partes en la revista "Deliberando", a partir del Nro. 1, Mayo de 1992, Rosario.

EL SER NACIONAL EN LA LITERATURA DE MARECHAL, BORGES Y SÁBATO

Fundamentalmente la literatura, por ser lenguaje, es ficción. Lo es en el sentido de ser una construcción verbal, un cosmos de palabras. El mejor ejemplo de éste es el "ULISES" de James Joyce; allí el único y verdadero personaje es el lenguaje. Y como lo dice muy apropiadamente Anderson Imbert: "La literatura es una de las formas de ficción. Fictio-onis viene de fingere, que en latín significaba, por un lado fingir, mentir, engañar, y por otro, modelar, componer, heñir" Y agrega con acertado criterio: "La literatura, toda ella, es siempre ficción. Y viéndolo bien, ¿no es ficción cuanto pensamos? La literatura no es ciertamente la única actividad humana que falsea y distorsiona la realidad. Aún la ciencia lo hace. Sólo que la ciencia lo hace a pesar de ella y en cambio la literatura falsea y distorsiona la realidad de propósito". (1)

A lo que agrego que, sin embargo y por eso mismo precisamente, es fiel reflejo de los problemas del alma humana y su debatirse en el mundo concreto.

El expresionismo alemán, con su distorsión exasperada de la realidad, ha logrado manifestar el desgarramiento del hombre contemporáneo mejor que cualquier documento histórico. Incluso, como en el caso de Kafka, la literatura se hace anticipo de los síntomas que provocarán los futuros malestares de la civilización. Eso también ocurre con Sade, Dostoyevski y otros, y de alguna manera con Artl en nuestro país.

Uno de los problemas, diríamos que básico, del alma humana es el de la identidad, tanto individual como colectiva. Y aquí bastará con citar las famosas palabras: "no sólo de pan vive el hombre", Efectivamente, aparte de la seguridad material, el hombre necesita de un sentido para vivir, por lo tanto le es indispensable saber quién es y dónde está ubicado. De allí la religión, la filosofía, la sociología, la antropología, etcétera.

Pero escapa a nuestro enfoque un vistazo a estas áreas del indagar humano. Nos limitaremos a la literatura. Dentro de esta, mencionaremos de paso que la romántica, en especial la alemana, es la que se ocupó de bucear en las características nacionales de cada pueblo a través del folklore.

Digo de paso, porque quiero ir directamente a mi tema y tomar de la literatura argentina contemporánea solamente a tres de sus autores para hacer el rastreo –no es otro mi objetivo- del tan zarandeado y debatido problema de el ser nacional.

Ellos son Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato. Demás está ponderar a estos máximos exponentes de nuestras letras. Si disculparme por dejar de lado a otros autores tan significativos como estos, el caso de un Mallea, por ejemplo. Pero eso requeriría un estudio de más vastas proporciones y escapa a los límites prefijados para este trabajo.

Pienso, por otra parte, que en los tres escritores elegidos están contenidos la totalidad de los planteos sobre dicha cuestión; más aún, me atrevería a afirmar que todo el pensamiento argentino desde Sarmiento a Martínez Estrada está debatido vivencialmente por los personajes del "ADÁN BUENOSAYRES" o de "SOBRE HÉROES Y TUMBAS" (donde se cuestiona a Hernández Arregui).

Por lo tanto, en estas dos grandes novelas, de Marechal y de Sábato respectivamente, como en el cuento "EL SUR" de Borges, así como en la tercera y última del primer autor citado, "MEGAFON O LA GUERRA", encontraremos, implícita o explícitamente, a Mallea con sus dos argentinas, visible e invisible, y a ese original ensayista que fue Scalabrini Ortíz con su "Hombre que está solo y espera".

A este último, bajo la forma del "nunca suficientemente alabado petiso Bernini", lo tendremos en vivo y en directo como uno de los protagonistas del "Adán". En esa novela, y ya estamos instalados de lleno en nuestro asunto, Marechal evoca la aventura martinfierrista en la que él participó (Adán no es más que su propio trasunto).

La acción transcurre en aquella década del veinte, inolvidable y ya mítica, de las famosas y floridas reyertas de Florida y Boedo en las que nuestra literatura creció en contenido y forma; por eso, con otros nombres, vemos en la novela aparecer en roles protagónicos, aparte del citado Scalabrini, a Borges (Luis Pereda), Xul Solar (el astrólogo Schultze) Francisco Luis Bernardez (Franky Admusen) y Jacobo Fijmann (el singularísimo Samuel Tesler), entre otros.

No puedo, dado lo enorme que es, tratar todo el libro, del que diré que, publicado en 1948, quedó olvidado en los estantes de la Editorial Sudamericana hasta 1965, año en que se produjo el llamado boom de "El Banquete de Severo Arcángelo" (la segunda novela de Marechal); boom que rescató no sólo a la primera sino también al propio autor, quien había sufrido un boicot de casi 10 años a partir de la caída del peronismo, en 1955, por su condición partidaria.

En dicho libro se trata de la crisis espiritual del poeta Adán Buenosayres (que es como decir el primer hombre de Buenos Aires), que es la del mismo escritor que, después de vivirla, retornaría al seno del catolicismo. En otros trabajos míos he aclarado que ni el peronismo de Marechal fue fanático ni su catolicismo cerrado. (2)

Lo que aquí nos interesa son las aventuras más bien mundanas del personaje y, sobre todo, la del tercer libro, que narra la famosa excursión "malevi-funebri-putani-arrabalera" y que es un intento de indagación en las raíces del criollismo. Veámoslo.

En este sainete fantasmagórico que es la expedición a los suburbios de Saavedra, todas las polémicas en que se hallaban metidos, a la vez que divididos, los intelectuales de esa generación, reviven en forma de símbolos y alegorías. Así, en medio de la noche, los héroes de este viaje (cuya finalidad es asistir a un velorio donde saben que irá un mentao taita) verán la aparición del indio, el gaucho, el cocoliche, el neocriollo, etcétera, y que dan ocasión para las más encontradas reacciones. Citaré un fragmento algo extenso en función de que se pueda apreciar la mecánica del relato así como su estilo.

"Del Solar no justificaba el anacrónico lamento de Bernini (acaba de desaparecer en la oscuridad el malón de indios) por la extinción de una raza que, al fin y al cabo, atañía más a la prehistoria que a la historia de los argentinos. Pero (ahí estaba la madre del borrego), aquella raíz indígena, poco antes de morir, había dejado en la pampa un retoño doliente, una prolongación de su sangre, un tipo crucial, flor de la guerra. Y al oír estas observaciones del guía, una sola imagen acudió a la mente de los aventureros y llegó a sus labios en forma de palabra: ¡el Gaucho!
- El gaucho –asintió Del Solar en tono fúnebre -. Nacido del amor o del odio (¡quién lo sabe!), lo vemos trabajar en los cimientos de la patria, oscuro, sí, pero con la oscuridad de los cimientos que, bajo tierra, sostienen toda la gracia exterior de la arquitectura.

- La imagen es buena – reconoció Adán Buenosayres, a fuer de perito.
- Un plagio evidente –calumnió Franky.

A pesar de todo, la mayoría de los héroes demostró con su actitud piadosa que se entregaban sin reservas a la emoción de aquel recuerdo. Pero en el grupo había dos hombres cuyo corazón, endurecido tal vez en el polo glacial de la metafísica, no daba señales de ningún enternecimiento: eran Samuel Tesler y el astrólogo Schultze.

- Peste de literatura – refunfuñó Samuel – Se ha inventado una fábula increíble alrededor de un pobre mestizo. El gaucho de la leyenda no existió jamás.
- ¿Qué no ha existido? – gritó Pereda lleno de santa indignación -. Desde los viajeros coloniales hasta los cronistas del siglo pasado...
Pero Schultze intervino aquí resueltamente:
- Admito la existencia del gaucho – declaró -. Pero si fue como lo describe la poesía, si fue rebelde a todo sistema de orden, sin principios jerárquicos, matón y vagabundo, me parece bien que haya desaparecido.
¡Dios, y que revuelo ser armó en el campo de los criollistas no bien hubo proferido Schultze tamaña blasfemia!
- ¡Si el gaucho ha muerto – le gritó Del Solar -, es porque lo mataron los gringos como usted!
- La derrota de Santos Vega – sentenció Adán misteriosamente..." (3)

Y esta invocación produce la aparición del mítico personaje. Realmente es para seguir leyendo. Pero basta con este único ejemplo para ver en que tenor están encarados los temas. El leiv-motiv es la búsqueda del "Espíritu de la Tierra" (influencia de la literatura romántica alemana Bernini-Escabrini Ortíz) a través de planteos antropológicos (origen del indio americano), geológicos (formación del suelo pampeano) e históricos-sociales (destino de los aborígenes, la inmigración, el desarraigo argentino); el criollista (cuestionamiento a la exaltación metafísica del orillero por parte del cenáculo liderado por Pereda-Borges.

Se me preguntará ahora cuál es la posición del propio Marechal. Contestaré, tratando de sintetizar, que es la oponerse a toda mistificación pintoresca que nos aparte de una más genuina interpretación del hombre argentino y americano. Con gran equilibrio, sin snobismo europeísta pero sin patrioterismo ingenuo, trató de integrar la herencia cultural europea con las raíces hispanoamericanas, lo que llamó "el abrazo de Homero con Santos Vega".

Por supuesto, en Marechal no se puede descartar su concepción mítico-religiosa-metafísica. En ese sentido remito a los interesados al libro de Graciela Coulson: "Marechal, la pasión metafísica" o a mi artículo "Lo esotérico en la obra de Marechal". (4)

Dentro de ese contexto, preocupó a nuestro autor el posible destino de la Argentina así como las causas de la frustración nacional: "¡La historia es también un arte de lo posible! Ante nuestra mirada tenemos el escenario (una geografía), los actores listos (un pueblo) y la noción del drama o comedia que ha de representarse allí (el suceder nacional). ¡De pronto una gran flojera, un olvido total de las consignas, un abandono del escenario, los actores y el drama! ¿Qué sucedió aquí? ¿Un aborto del suceder?". (5)

"Megafón o la guerra", a la que pertenece esta cita, fue la novela póstuma de Marechal, publicada en 1970, año de su muerte. En ella distingue tres tipos sucesivos de argentinos, a los que denomina hombres de acción, de traición y de reparación, correspondientes a otras tantas etapas de nuestra historia.

El tercer tipo estaría encarnado por los intelectuales neoidealistas como el protagonista de la obra, el cual emprende dos batallas, una terrestre y otra celeste. El objetivo de la primera es desenmascarar a los personajes negativos: el general-presidente, el economista, el oligarca, el capitalista, el embajador norteamericano, el cardenal primado, etcétera.

La segunda, con una raigambre mítico-ocultista, es la búsqueda de una identidad metafísica para el ser nacional argentino.

Para terminar con Marechal haremos referencia a su esperanza última, sintetizada en su metáfora de la "patria-víbora", y en la que encontramos el eco de la argentina visible e invisible de Mallea.

"Usted habló recién de un "pueblo sumergido" – le dice Megafón al cronista de sus "batallas" - y yo diría que la verdad es más alegre. Cierto es que vieja peladura lo ciñe y ahoga exteriormente, pero la Víbora ya construyó debajo su otra piel. De modo tal que ahora, mientras los figurones externos consuman la muerte de una dignidad y la putrefacción de un estilo, la piel interna de la Víbora quiere salir a la superficie y mostrar al sol sus escamas brillantes. ¿Entiende?. (6)

Y ese entiende, pero en plural, puede ir dirigido a todos los argentinos.

Pasemos entonces a Borges, quien por otra parte aparece personalmente en las dos puntas de este trabajo, y cuestionado primeramente en el "Adán" es defendido luego en su argentinidad en "Sobre héroes"

"Lo mandan a estudiar griego en Oxford –se nos dice en la primera -, literatura en la Sorbona, filosofía en Zurich, ¡y regresa después a Buenos Aires para meterse hasta la verija en un criollismo de fonógrafo!" Y más adelante se agrega: "Lo malo está en que don Luís ha querido llevar a la literatura sus fervores místico-suburbanos, hasta el punto de inventar una falsa mitología, en la que los malevos porteños adquieren, no sólo proporciones heroicas, sino hasta vagos contornos metafísicos". (7)

Desde aquellos tiempos, prácticamente año 22, se le ha venido criticando a Borges, no solamente su criollismo (*), sino también todo lo que se refiere a su obra, su vida y también su muerte en Suiza.

Repetidas hasta el cansancio, son harto conocidas esa acusaciones: extranjerizante, apátrida, oligarcón, con una literatura no comprometida y de espaldas al país, de ser el mejor escritor inglés de habla hispana, dilecto hijo de la corona británica, y otras cosas aún más fuertes. Actualmente, en el 2001, parece revertida dicha situación y Borges es ya una gloria argentina de proyección internacional.

Pero he podido comprobar, cuando he dado charlas sobre él últimamente, que sigue siendo para muchos una mala palabra como cuando se me insultaba a mi por defenderlo cada vez que le hacían alguna nota en la televisión.

Y no sólo en nuestro país sino que también me pasó en Montevideo donde los uruguayos estaban ofendidos porque nuestro autor había tratado a Artigas de contrabandista. ¡Esas cosas! Pero ni antes ni ahora se lo lee, o por lo menos se lo lee en serio. (*)

Frente a esta negación de la argentinidad de Borges sale al cruce Sábato en su "Sobre héroes y tumbas": "Qué podría ser sino argentino –responde Bruno a Martín- Es un típico producto nacional. Hasta su europeismo es nacional. Un europeo no es europeísta: es europeo, sencillamente... Hay algo muy argentino es sus mejores cosas: cierta nostalgia, cierta tristeza metafísica... En realidad se dicen muchas tonterías sobre lo que debe ser la literatura argentina. Lo importante es que sea profunda. Y si no es profunda es inútil que ponga gauchos o compadritos es escena. El escritor más representativo de la Inglaterra isabelina fue Shakespeare. Sin embargo muchas de sus obras ni siquiera se desarrollan en Inglaterra... Y lo que más me causa gracia es que Méndez repudie la influencia europea en nuestros escritores.

¿Basándose en qué? Esto es lo más divertido; en una doctrina filosófica elabora por el judío Marx, el alemán Engels y el griego Heráclito. Si fuésemos consecuentes con esos críticos habría que escribir en querandí sobre la caza del avestruz. Todo lo demás sería adventicio y antinacional. Nuestra cultura proviene de allá. ¿Cómo podemos evitarlo? Y por qué evitarlo... Los verdaderos ateos son los indiferentes, los cínicos. Y lo que podríamos llamar el ateísmo de la patria son los cosmopolitas, esos individuos que viven aquí como podrían vivir en París o Londres. Viven en un país como en un hotel. Pero seamos justos: Borges no es de esos, pienso que a él le duele el país de alguna manera, aunque claro está, no tiene la sensibilidad o la generosidad para que le duela el país que puede dolerle a un peón de campo o a un obrero de frigorífico." (8)

Y es que seamos sinceros, Borges es el más típico y genuino representante de un país cosmopolita, nutrido por varios torrentes inmigratorios, que todavía están amalgamándose:
"Seis millones de argentinos - exclama el intelectual Bruno, trasunto del propio Sábato -, españoles, italianos, vascos, alemanes, húngaros, rusos, polacos, yugoslavos, checos, sirios, libaneses, lituanos, griegos, ucranianos. ¡Oh Babilonia!, la ciudad gallega más grande del mundo, la ciudad italiana más grande del mundo, etcétera.

Más pizzerías que en Nápoles y Roma juntos. "¡Lo nacional! ¡Dios mío! ¿Qué era lo nacional?". (9)

Lo absurdo es que quienes criticamos a Borges somos nosotros, los descendientes, productos de todas esas inmigraciones y fruto de todas las contradicciones. Más aún, esos críticos no se llaman Ñancul ni Pincén, sino que tienen resonantes nombres itálicos, españoles, franceses, e, incluso, británicos. Y olvidan que Borges desciende de los héroes y legisladores que forjaron la patria; que además lleva en sus venas sangre de indios, por eso pudo decir: "Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mi apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban ya secretas las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas las felices victorias, las muertes militares...ç

Y este poema se lo repite a Martín la protagonista de "Sobre héroes...", Alejandra Vidal Olmos, que es un símbolo atormentado del alma argentina.

En mi caso, si tuviese que demostrar la argentinidad de Borges, tomaría sus tres primeros libros de poemas: "Fervor de Buenos Aires", 1923, "Luna de enfrente", 1925, y "Cuaderno de San Martín", (*) 1929, pero me remitiré solamente a la introducción de su cuento "El sur":
"El hombre que desembarcó en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangélica; en 1939, uno de sus nietos Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal de la calle Córdoba y se sentía hondamente argentino.

Su abuelo materno había sido aquel Francisco Flores, del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires lanceado por los indios de Catriel; en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre romántica) eligió el de ese antepasado romántico o de muerte romántica. Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado, una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas músicas, el hábito de estrofas del Martín Fierro, los años, el desgano y la soledad, fomentaron ese criollismo algo voluntario, pero nunca ostentoso...". (11)

Demás esta decir que todo este pasaje es autobiográfico. "Sólo son falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios", como lo diría en otro cuento, "Emma Zuns". Efectivamente, Borges era bibliotecario por aquella época, su abuelo fue en realidad Francisco Borges que murió en 1874 durante el levantamiento de Mitre contra Sarmiento-Avellaneda, y cuyo final "romántico" describe memorablemente Eduardo Gutiérrez en sus "Croquis y siluetas militares".

Por otra parte, fundamentalmente, en este cuento está esa dicotomía del alma argentina que se puede traducir como "culto al libro y culto al coraje" o "civilización o barbarie". Sarmiento es el mejor exponente de ésta, basta leer atentamente su "Facundo".

Volviendo ahora a Sábato y su "Sobre héroes y tumbas", diremos que son muchas las páginas de esta novela dedicadas a la reflexión sobre lo argentino. En realidad, toda la obra es un pantallazo de nuestra realidad nacional desde la Invasiones Inglesas hasta la caída de Perón en 1955.

A quienes quieran centralizarse exclusivamente en esta temática, les recomiendo el libro "La cultura en la encrucijada nacional" donde nuestro autor reunió lo que andaba disperso en sus distintas obras. Yo citaré ahora dos fragmentos de la novela que ilustran fehacientemente el problema de nuestra identidad: "Sí, la nostalgia del viejo D´Arcángelo –comentaba Bruno como para si mismo-... Pero es que aquí todo era nostálgico, porque pocos países debía de haber en el mundo es que ese resentimiento fuese tan reiterado: en los primeros españoles, porque añoraban su patria lejana; luego, en los indios, porque añoraban su libertad perdida, su propio sentido de la existencia; más tarde en los gauchos desplazados por la civilización gringa, exilados de su propia tierra, rememorando la edad de oro de su salvaje independencia; en los viejos patriarcas criollos, como don Pancho, porque sentían que aquel hermoso tiempo de la generosidad y de la cortesía se había convertido en el tiempo de la mezquindad y la mentira; y en los inmigrantes, en fin, porque extrañaban su viejo terruño, sus costumbres milenarias, sus leyendas, sus navidades junto al fuego." (12)

¿Pero cómo experimenta todo eso quien viene a ser el resultado póstumo de esos entremezclamiento? Veamos los sentimientos de Martín, que en la novela viene a ser el prototipo del argentino nuevo: "Pero él Martín, ¿cuándo había tenido madre? Y además esta patria parecía tan inhóspita, tan áspera y sin amparo. Porque (como también decía Bruno, pero ahora él no lo recordaba sino que más bien lo sentía físicamente, como si estuviera a la intemperie en medio de un furioso temporal) nuestra desgracia era que no habíamos terminado de levantar una nación cuando el mundo que le había dado origen comenzó a crujir y luego a derrumbarse, de manera que acá no teníamos ni siquiera ese simulacro de la eternidad que en Europa son las piedras milenarias o en Méjico o en Cuzco. Porque acá (decía) no somos ni Europa ni América, sino una región fracturada, un inestable, trágico, turbio lugar de fractura y desgarramiento. De modo que aquí todo resultaba más transitorio y frágil, no había nada sólido a que aferrarse, el hombre parecía más mortal y su condición más efímera...". (13)

Lo de Martín es nuestra situación y pienso que debemos asumirla integralmente con todas sus contradicciones, sin apelar a falsos criticismos. Creo que ése es el primer paso para encontrar nuestra identidad, como el enfermo –valga el ejemplo- sólo puede tener la posibilidad de curarse cuando acepta que lo está y colabora queriendo curarse.

Por último, tal cual queda demostrado en la obras de Marechal, Borges y Sábato, me queda postular que la novela, en cuanto género encarado seriamente, es una antropología. No es esto algo absolutamente original mío, está implícito en el pensamiento de Sábato y especialmente en este párrafo de "El escritor y sus fantasmas", donde expresa, refiriéndose a la crisis ya señalada:
"¡Qué somos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es nuestra verdad nacional? Somos algo nuevo, que se gesta realmente aquí, algo realmente original, en este caos de sangres y culturas... la literatura, esa híbrida expresión del espíritu humano que se encuentra entre el arte y el pensamiento puro, entre la fantasía y la realidad, puede dejar un profundo testimonio de esta trance, y quizá sea la única creación que pueda hacerlo...". (14)

Y es que la literatura, y específicamente la novela, ese monstruo híbrido puede reflejar a este monstruo híbrido que es el hombre, esa cruza entre el ángel y la bestia, ese desgarramiento entre el espíritu y la materia.

Por otra parte, la novela absorbe en sí a todos los otros géneros y se nutre, por lo tanto, de la historia, el ensayo, la ciencia, la lingüística, las artes, la religión y la historia de las religiones, la filosofía, etc. Y lo da en forma vivencial e inmediata.

Además recrea (caso Marechal en el "Adán" y Sábato "Sobre héroes") el lenguaje coloquial de un lugar y una época, más el de los diversos sectores de una determinada sociedad.

Como la antropología se nutre de informantes, que es el hombre de la calle o de la villa, del palacio o de la choza, lo que es decir el hombre concreto, y lo reproduce en sus páginas con el verdadero palpitar de la sangre.

Me remitiré, sin embargo, a la autoridad de un gran pensador ruso, alguien que pesó profundamente en el pensamiento europeo, a pesar de que no se le nombra habitualmente, me refiero a Nicolás Berdiaev, a quien Sábato tiene presente en su "Hombres y engranajes". Este filósofo, que influyó también en Camus, afirmó refiriéndose al autor de "El hombre del subsuelo": "Dostoyevski es, ante todo, un gran Antropólogo".

Y todos sabemos que el autor de "Crimen y castigo" es uno de los más grandes novelistas del siglo XIX y base de toda la novelística contemporánea.

Continua diciendo Berdiaev: "Dostoyevski es un investigador de la naturaleza humana, que descubre una nueva ciencia del hombre y aplica un método de investigación desconocido hasta entonces. la ciencia artística o, si se prefiere, el arte científico de Dostoyevski estudia los infinitos repliegues y la extensión ilimitada de la naturaleza humana" (15)

Después de esto, ¿es insólito que postule a la novela como una antropología? Al contrario, y por todo lo visto, podemos afirmar que es un instrumento válido en la indagación de este tan complejo y delicado, tan problemático y tan problematizado tema que es el Ser nacional.

Y que sea ella la que nos plantee el problema en forma global y no parcialmente como suele ocurrir con las teorías, que hablan, no del hombre, sino de una abstracción, esa que justamente rechazaba Unamuno cuando decía que quería al hombre y no a una idea del hombre.

Por eso, creo que mi propuesta es, por lo menos, para ser tenida en cuenta. (*)

Notas: *) Ver los artículos de H.R.P. sobre estos temas en particular en la Segunda Parte.

(1) E. Anderson Imbert: "Teoría y técnica del cuento", Marymar, 1979, Bs. As.
(2) H. R. Paruzzo: "Marechal, el poeta depuesto", revistas "Brújula" Nº 6, Ros. Nov. 84 y "De la A a la Z" Nº 18, dic. 2000, Ros. "Lo esotérico en la obra de Marechal", revista "Cristiano Rosacruz" Nº 11, Nº 11, Ros. 1986, que recoge un artículo mío anterior "Marechal, católico o esotérico" aparecido en "Cascabel de plata", Nº 1, Ros. 1969.
(3) Adán Buenosayres, Edit. Sudamericana, Bs. As. 1979, 4ª edición (pág. 215)
(4) Ver nota 2.
(5) Megafón, Edit. Sudamericana, 1ª edición. 1970 (pág. 155)
(6) Idem ( pág. 16)
(7) Adán (pág. 154 y 665)
(8) Sobre héroes, Fabril, tercera edición, 1964 (pág. 182-3)
(9) Idem (pág. 155)
(10) Idem (pág. 112)
(11) Obras completas, Emecé, 1974, 8ª edic. (pág. 525)
(12) Sobre héroes" (pág. 189)
(13) idem (pág. 235)
(14) Aguilar, 3ª edic. Bs. As. 1967 (pág. 38)
(15) El espíritu de Dostoyevski", Lohlé, 1ª edic. 1978 (pág. 34)

LIBROS AUTORÍA DE HÉCTOR ROBERTO PARUZZO



EDICIÓN EN PORTUGUÉS

EN COLABORACIÓN CON MAXS FELINFER